Entre la norma escrita y la realidad cotidiana: ¿Por qué el Derecho no siempre transforma conductas? | Paréntesis Legal

Karime Athie

 

En un día cualquiera, es común visualizar personas revisando el teléfono celular mientras conducen, a pesar de tener conocimiento de la existencia de la norma y su respectiva sanción.

El mismo supuesto podemos trasladarlo a diferentes conductas, como quien comete cualquier delito tipificado en nuestra legislación.

Son estas las acciones que nos llevan a preguntarnos: ¿por qué las personas incumplen normas que saben que existen?

Se supone que las personas tomamos decisiones de forma racional, pero la realidad expone que nos conducimos de forma mucho más compleja que solo conocer la regla y actuar conforme a ella.

Algunos estudios de comportamientos conductuales demuestran que las decisiones que tomamos están influenciadas por emociones, hábitos y sesgos cognitivos en el momento en que las tomamos.

Una de las razones principales del incumplimiento de la norma es el alto índice de impunidad y corrupción. Está comprobado que la incidencia de conductas contrarias a la ley, no disminuye a mayor sanción o penalidad, sino a la estricta aplicación de la misma.

La realidad demuestra que la norma no garantiza una transformación social y cultural de la conducta. La modificación del comportamiento requiere un análisis mucho más profundo.

Norberto Bobbio, uno de los juristas y filósofos más importantes del Derecho, mencionaba la importancia de la relación entre las normas y la sociedad.  Uno de sus ejes principales de estudio fue el Derecho no solo como un conjunto de normas escritas, sino como una herramienta de protección y transformación social.

Señalaba que el problema fundamental de los derechos no consiste únicamente en el reconocimiento, sino también en la protección y en la efectividad del ejercicio de los mismos.

Entre la existencia de una norma y su cumplimiento confluyen factores trascendentales como las emociones, la educación, la cultura, la ética y la confianza. La creación de nuevas leyes no es por sí solas un factor de transformación y protección social, es necesario comprender que su aplicación y ejercicio son los elementos más importantes de su naturaleza jurídica.

Es vital comprender que la ley no comienza en el momento de su publicación en el Diario Oficial de la Federación o de las Gacetas Legislativas de las entidades federativas, más bien desde la construcción de condiciones para la efectividad de la misma.

La verdadera eficacia jurídica inicia cuando vislumbramos que las leyes no son solo textos, son herramientas legales fundamentales en las que se encuentran implícitas las vidas de las personas.

El Derecho no puede perder de vista que en muchas ocasiones detrás de una ley existe una historia, una víctima que aclama justicia, y que detrás de una reforma legislativa hay personas buscando protección y la transformación de una realidad social.

La sociedad se transforma a través de diversos factores, como la confianza entre quienes crean las normas y entre quienes tienen la facultad y la obligación de aplicarlas. Cuando esta última se debilita.  la legitimidad se aleja del propósito inicial.

El Derecho no es solo un conjunto de disposiciones obligatorias, es también un compromiso social colectivo en el reconocimiento de la construcción y el respeto de un Estado de Derecho que comienza en las decisiones que tomamos diariamente.

Cada norma representa una herramienta para un cambio profundo cuando se convierte en una convicción bipartita, cuando el Estado asume su facultad y las personas su obligación.

La transformación puede ocurrir cuando las leyes dejan de ser solo letras en papel y empiezan a formar parte del ejercicio jurídico, lo que contribuye a la construcción de sociedades conscientes y responsables.