Isabel Moreno Cruz
Marta Cabrera Fernández
La creciente proliferación de foros, jornadas y redes académicas dirigidas específicamente a mujeres plantea una cuestión relevante en el ámbito universitario y profesional: ¿resulta necesario crear espacios diferenciados para mujeres en áreas de conocimiento donde su presencia sigue siendo menor que la de los hombres? A primera vista, podría parecer que tales iniciativas refuerzan la división por género y, en cierto modo, institucionalizan una diferencia que, idealmente, debería desaparecer. Sin embargo, esta percepción inicial debe matizarse si se tiene en cuenta el contexto histórico y estructural en el que se han desarrollado las carreras académicas y profesionales, especialmente en ámbitos tradicionalmente masculinizados como el Derecho, la Filosofía o determinadas ramas del ámbito STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics).
Sin comprender la naturaleza de estos espacios, es fácil confundirse con la delgada línea entre lo que significa igualdad y ser conscientes de la diferencia que la misma requiere, por tanto, visualizarlos como mecanismos que no tienden a eliminar la “jerarquía social, sino a ‘diversificarla’ mediante el ‘empoderamiento’ de las mujeres”[1], ayuda a no segmentar la academia. Y es ahí donde debe atenderse al contexto en el que cobran relevancia por la lucha frente a las desigualdades por género y sexo en espacios académicos.
En muchas disciplinas, la presencia femenina ha aumentado de forma notable en las últimas décadas, particularmente en los niveles de acceso, como son los estudios universitarios. Aun así, es innegable que las desigualdades persisten en los niveles superiores de la carrera académica y profesional. Esto evidencia que el simple acceso formal a las instituciones no garantiza una igualdad efectiva de oportunidades. En dicho contexto, los foros académicos de mujeres surgen como mecanismos de apoyo mutuo, de visibilización y de generación de redes profesionales que tratan de compensar dinámicas estructurales que, de forma más o menos explícita, han favorecido tradicionalmente a los hombres.
El ámbito jurídico constituye un ejemplo especialmente ilustrativo. En los últimos años han surgido diversas iniciativas destinadas a crear espacios de transferencia de conocimiento y creación de redes profesionales (networking) entre mujeres juristas. A modo de ejemplo, podemos citar The Collective: Women in Legal Philosophy, una red que tiene como objetivo “promover y apoyar a las mujeres”[2] en el ámbito de la academia filosófico-jurídica, creando un espacio intelectual propicio para el desarrollo de mujeres que se estén iniciando en esta área de conocimiento a través de conferencias anuales, reuniones de trabajo y un sistema de mentoría entre investigadoras.
En un sentido similar, el proyecto Women Also Know Law busca aumentar la visibilidad de las mujeres en el ámbito jurídico académico, facilitando un espacio en redes sociales que promueve y celebra los méritos obtenidos por mujeres y por personas no binarias en el Derecho[3]. La idea detrás de este proyecto radica en la premisa de que, si las mujeres expertas en temas legales son menos citadas que los hombres por razón de su sexo o por estar en inferioridad numérica, centrar el foco de atención en las conferencias que ofrecen, en sus actividades en medios de comunicación, o crear una base de datos y de redes que faciliten el acceso a sus trabajos, puede contribuir a corregir este sesgo—.
Este proyecto se basa explícitamente en la organización Women Also Know Stuff, la cual nació con el objetivo de publicitar los trabajos de las mujeres dedicadas al estudio de las Ciencias Políticas, facilitando su presencia en medios de comunicación[4]. Desde 2016 mantiene una base de datos pública de politólogas que pueden ser consultadas como fuentes expertas. Este tipo de iniciativas muestra cómo los foros y las redes de mujeres no solo funcionan como espacios internos de apoyo académico, sino también como herramientas para corregir desequilibrios en la representación pública del conocimiento.
En este sentido, no podemos ignorar las iniciativas institucionales que buscan reivindicar el papel de las mujeres en otros muchos sectores de la investigación científica. El caso más claro es la conmemoración anual del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, celebrado el 11 de febrero. Este día, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, impulsa la organización de numerosas actividades académicas y divulgativas. En España, por ejemplo, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades coorganiza y publicita más de 200 actividades durante esta jornada[5]. Asimismo, cabe citar algunas iniciativas regionales, como son las (también anuales) Jornadas de Investigadoras de Castilla y León, que buscan fomentar el intercambio entre investigadoras de distintas etapas de la carrera científica. Según su propia descripción, estas jornadas “conjugan ponencias de investigadoras senior de reconocido prestigio con comunicaciones en formato oral y póster a cargo de investigadoras que están dando sus primeros pasos en la carrera científica”[6]. De nuevo, vemos como el formato de este tipo de foros tiene como principal objetivo el poner en contacto a mujeres que trabajan en sectores mayoritariamente ocupados por hombres, creando redes profesionales y personales de apoyo y de guía, así como de transferencia de conocimiento y de divulgación científica.
En el contexto mexicano, la creación de estos espacios es visible en la academia que se forja en este momento, específicamente en la Universidad Nacional Autónoma de México. Como ejemplo encontramos el Centro de Investigaciones y Estudios de Género, producto de una serie de exigencias por parte de la comunidad estudiantil y profesional en la Universidad, como alternativa de representación en un espacio académico y no político, dando como resultado el Programa Universitario de Estudios de Género en 1990 —renombrado en 2016—, en reconocimiento a los avances alcanzados desde diversas disciplinas por parte del personal académico[7]. Otro caso que es importante mencionar es el de las Comisiones Internas para la Igualdad de Género (CInIG), órganos auxiliares de las dependencias de la UNAM que tienen por propósito impulsar la implementación de la política institucional en materia de igualdad de género a través de acciones y programas sistemáticos[8] que, de igual manera, encuentran lugar en la Facultad de Derecho y el Instituto de Investigaciones Jurídicas. Es a través de estos organismos que la Universidad ha buscado asegurar no solo la inclusión de las mujeres en el ámbito académico, sino también impulsar su representación en todas las actividades en que se desenvuelven.
Ahora bien, la proliferación de foros específicamente dirigidos a mujeres también ha suscitado críticas en las que debemos reparar. Uno de los riesgos más señalados es el posible encasillamiento de las investigadoras dentro de espacios marcados por su identidad de género, en lugar de por su especialización académica. Por ejemplo, en la academia jurídica es común que el ámbito del estudio de las argumentaciones con base en la perspectiva de género esté reservado a mujeres investigadores, de manera que los investigadores sientan una descarga profesional y personal respecto de dicha materia, la cual puede incluso derivar en cierto paternalismo y condescendencia social ante unos trabajos tan delimitados y definidos por el género de quienes los realizan. Desde esta perspectiva, existe el temor de que las mujeres sean invitadas a participar en eventos o en proyectos principalmente por su condición de mujeres y no por su trabajo en una determinada rama del conocimiento. De esta manera, la creación de espacios diferenciados puede verse, erróneamente, como una señal de debilidad o como una necesidad de “protección”, en lugar de como una estrategia colectiva para superar desigualdades estructurales. Desde esta óptica crítica, los foros de mujeres podrían acabar reproduciendo la misma lógica de separación que pretenden combatir.
Sin embargo, estas objeciones tan legítimas deben analizarse con cautela. En primer lugar, porque ignoran que la academia y las profesiones jurídicas han estado históricamente organizadas a través de redes informales de poder que, durante mucho tiempo, han sido predominantemente masculinas. Por ello, la creación de redes alternativas para mujeres puede entenderse no como un privilegio, sino como una estrategia para equilibrar el terreno de juego. Es lo que se conoce como “discriminación positiva”, que no deja de ser una política de igualdad, aunque deba justificarse más que cualquier otra. Favorecer encarecidamente aquellas medidas destinadas a aumentar la representación de mujeres en grupos infrarrepresentados puede tener efectos positivos en la diversidad y en la calidad institucional, aunque ello suponga utilizar baremos con base en el género. De ahí la calificación de tales medidas como “discriminaciones positivas”, pues, de manera indirecta, se da preferencia a la selección de mujeres para ser parte en estos foros, pero se entiende que, excepcionalmente, este tipo de discriminación tiene unos objetivos y unas consecuencias positivas en sus ámbitos de aplicación. De manera general, estas políticas de acción afirmativa contribuyen a reducir sesgos implícitos y a aumentar la presencia de mujeres en posiciones de liderazgo, generando además efectos de role model para generaciones posteriores. En otras palabras, cuando las mujeres son más visibles en posiciones académicas o profesionales relevantes, otras mujeres perciben esas trayectorias como más alcanzables.
Desde esta perspectiva, los foros académicos de mujeres pueden desempeñar varias funciones simultáneas: proporcionar redes de apoyo, visibilizar el trabajo de investigadoras, facilitar mentorías y contribuir a corregir desequilibrios estructurales. Su objetivo último no es perpetuar una división de género, sino precisamente hacerla innecesaria en el futuro. En definitiva, aunque los foros académico-jurídicos de mujeres pueden generar ciertos riesgos de encasillamiento o interpretaciones paternalistas, sus beneficios parecen superar ampliamente estos inconvenientes. En un contexto donde las dinámicas informales de la academia siguen reproduciendo desigualdades, la creación de espacios de colaboración y apoyo entre mujeres constituye una herramienta legítima y, en muchos casos, necesaria. Antes de alcanzar una verdadera igualdad de condiciones en el campo académico, puede resultar imprescindible crear primeramente un clima de sororidad profesional en el cual sea posible, además de divulgar los resultados del trabajo personal, poder compartir experiencias y construir redes propias. Sólo entonces será posible participar plenamente en los espacios generales del conocimiento sin que el género continúe funcionando como un factor de desventaja.
Los espacios seguros se construyen en conjunto, es decir, hombres y mujeres son partícipes al incentivar este hecho desde sus respectivos ámbitos de trabajo. La idea de representación en este contexto, no solo se asume desde la integración, sino que requiere la conciencia histórica de las dificultades que han atravesado las mujeres para destacar en un ámbito académico patriarcal y hostil hacia las mismas. Es así que estos foros y espacios, pese a su aparente interseccionalidad, constituyen un paso fundamental en el camino a la erradicación de la dicotomía entre igualdad y discriminación por género pues “ignorar la diferencia deja en su lugar una neutralidad defectuosa, pero, paradójicamente, centrarse en la diferencia puede acentuar el estigma de la desviación”[9]. Entender estos espacios como parte de un todo, donde confluyen las complejidades en el campo del género y el sexo, permite ser conscientes de que están lejos de ser un mecanismo de segregación y que su pertinencia en el ámbito académico se establece como una forma de transformar las dinámicas institucionales que han perpetuado estas asimetrías.
[1] FRASER, Nancy, ¡Contrahegemonía ya! Por un populismo progresista que enfrente al neoliberalismo, trad. de Horacio Pons, México, Siglo XXI, 2024
[2] THE COLLECTIVE WOMEN IN LEGAL PHILOSOPHY en línea, https://collectivewlp.wixsite.com/home, consulta 3 de marzo de 2026.
[3] WOMEN ALSO KNOW LAW en línea, https://womenalsoknowlaw.com, consulta 3 de marzo del 2026.
[4] WOMEN ALSO KKNOW STUFF, en línea https://www.womenalsoknowstuff.com/, consulta 3 de marzo del 2026.
[5] MINISTERIO DE CIENCIA, INNOVACIÓN Y UNIVERSIDADES, “El MICIO conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia con más de 200 actividades” en línea, https://www.ciencia.gob.es/Noticias/2026/febrero/actividades-dia-mujer-nina-ciencia.html, consulta 3 de marzo de 2026.
[6] JORNADAS DE INVESTIGADORAS DE CASTILLA Y LEÓN, “Bienvenidos a las XII Jornadas de Investigadoras de Castilla y León” en línea, https://jornadasinvestigadorascyl.org/, consulta 3 de marzo de 2026.
[7] CENTRO DE INVESTIGACIONES Y ESTUDIOS DE GÉNERO, “¿Quiénes somos?” en línea, https://cieg.unam.mx/quienes-somos/, consulta 3 de marzo de 2026.
[8] COMISIONES INTERNAS PARA LA IGUALDAD DE GÉNERO en línea, https://coordinaciongenero.unam.mx/cinigs/, consulta 6 de marzo de 2026.
[9] LAMAS, Marta, ¿Ideología de Género? Disputas políticas sobre la diferencia sexual, México, Taurus, 2025, p.139