Diego Galeana Jiménez
“La falsedad es tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo.”
Cicerón.
Introducción
En el ámbito del derecho, la argumentación es el pilar fundamental sobre el que se construyen las decisiones judiciales, las defensas legales y las políticas legislativas. Sin embargo, no todos los argumentos son válidos; muchos caen en trampas lógicas conocidas como falacias argumentativas, que distorsionan la verdad y socavan la justicia.
En México, donde el sistema legal se basa en principios constitucionales como el debido proceso y la igualdad ante la ley, identificar y combatir estas falacias es esencial para fortalecer la argumentación jurídica.
A continuación, exploraremos algunas de estas falacias con ejemplos contextualizados, invitando a los lectores —abogados, jueces y legisladores— a reflexionar sobre su impacto y la necesidad de una lógica impecable.
Falacias de apelación a la autoridad y al consenso: El argumentum ad judicium y ad populum
Para ello, es relevante abordar la “racionalidad aparente” (argumentum ad judicium), donde un argumento parece lógico, pero carece de sustento real, y el argumento ex consensus gentium, que apela al consenso general en lugar de evidencia. En el derecho mexicano, esto se ve en debates legislativos donde se invoca “lo que la sociedad quiere” para justificar normas, sin analizar su constitucionalidad.
Un ejemplo paradigmático es el uso de falacias en argumentos sobre reformas penales. Durante discusiones en el Senado mexicano, se ha apelado al “consenso social” para endurecer penas, argumentando que “la mayoría de los mexicanos exige mano dura contra el crimen”, sin evaluar si tales medidas violan derechos humanos o son efectivas.
Esta falacia ad populum ignora que el derecho no debe basarse en opiniones populares efímeras, sino en principios constitucionales como los establecidos en el artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que prioriza los derechos humanos. ¿Es ético que los legisladores usen el “clamor popular” para evadir un análisis lógico, o esto erosiona la democracia?
Otro caso es el argumento ad judicium en sentencias donde se asume que una norma es “razonable” solo porque ha sido aplicada tradicionalmente, sin cuestionar su validez lógica. En controversias laborales, por instancia, se ha argumentado que “es de sentido común” limitar derechos sindicales en nombre de la productividad, lo cual oculta premisas falaces y perpetúa desigualdades.
Falacias ad hominem y ad personam: Ataques personales en el debate jurídico
El mapa destaca el “ataque personal” (argumentum ad personam) y el ad hominem, donde se desacredita al oponente en lugar de refutar su argumento. En el litigio mexicano, esto es común en alegatos orales o escritos, donde abogados descalifican a la contraparte alegando sesgos personales o incapacidad, en vez de enfocarse en los hechos.
Por ejemplo, en juicios penales, se ha observado cómo defensores o fiscales atacan la credibilidad de testigos o peritos no por evidencia contradictoria, sino por su historial personal: “No podemos creerle, ya que en el pasado ha mentido“.
Esto viola el principio de presunción de inocencia y distrae del mérito del testimonio. En el contexto de la SCJN, resoluciones sobre amparos han criticado tales tácticas, pero persisten en tribunales inferiores. ¿Cómo impacta esto en la confianza pública en el sistema judicial mexicano, especialmente en un país con altos índices de impunidad?
Además, en debates constitucionales, como los relacionados con la reforma judicial de 2024, opositores han sido tildados de “elitistas” o “defensores de corruptos” sin abordar los argumentos sustantivos sobre independencia judicial.
Recientemente, sucede desde la palestra de la postulancia, donde al no recibir un fallo esperado derivado de un planteamiento incorrecto, apelan al juez, como una persona que no tiene conocimientos, por el hecho de su origen – el que descontextualizan, deriva de la elección judicial-, o bien, que, si se trata de juez con adn de la judicatura, pertenece a la oligarquía y lo encausan como defensor de los intereses de los poderosos.
Esta falacia ad hominem polariza el discurso y estanca el argumento.
Falacias de amenaza y exageración: argumentum ad baculum y ad consequentiam
La “amenaza” (argumentum ad baculum) y la “exageración” (argumentum ad consequentiam) conducen a imponer conclusiones mediante miedo o predicciones catastróficas. En México, estas se manifiestan en negociaciones colectivas o en argumentos gubernamentales para aprobar leyes controvertidas.
Un caso ilustrativo es el uso de ad baculum en conflictos laborales, donde empleadores amenazan con despidos masivos si se aprueban sindicatos, argumentando “o aceptan esto, o la empresa cierra”.
Esto contraviene la Ley Federal del Trabajo y derechos sindicales, pero a menudo fuerza concesiones. En el ámbito penal, fiscales han usado amenazas implícitas para obtener confesiones, lo cual ha sido declarado inconstitucional por la SCJN en su doctrina.
Respecto a la exageración, en debates sobre políticas ambientales, se argumenta que regulaciones estrictas “destruirán la economía”, exagerando consecuencias sin datos empíricos.
Ejemplos incluyen oposiciones a reformas en el sector energético, donde se predice un “colapso total” sin evidencia lógica. ¿Provoca esto un derecho reactivo en lugar de proactivo?
Falacias de silencio y misericordia: Argumentum ex silentio y ad misericordiam
El “argumento ex silentio”, se interpreta como acuerdo, y frases como “el que calla otorga”. En México, esto se usa en alegatos: si la contraparte no responde a un punto, se asume su validez.
Sin embargo, esto ignora razones válidas para el silencio, como estrategias procesales, y, en ocasiones, viola el principio de carga de la prueba.
La falacia ad misericordiam se alinea con apelaciones emocionales: “No condene al acusado, tiene familia que depende de él”.
Este artículo no pretende condenar, sino provocar: ¿Estamos dispuestos a depurar nuestros argumentos de falacias para honrar nuestra profesión? ¿O permitiremos que la retórica falaz domine el ambiente de los argumentos? Invito a los lectores a examinar sus propias prácticas y abogar por una lógica rigurosa en el derecho mexicano, pues solo así lograremos una justicia verdadera y equitativa.